Sara Eugenio: Del Tuk tuk al streetart

“Cloc, cloc, cloc, cloc, cloc…” el rebotar de los Tuk Tuk hace casi tres años que resuena por las calles de Lisboa, especialmente en épocas de mayor afluencia de visitantes. Más de 500 híbridos entre moto grande y coche pequeño se amontonan en los puntos neurálgicos de la ciudad cual moscas a la miel, en este caso los turistas.

“Es más fácil si ven otros compañeros llevando a gente, así los visitantes se dan cuenta de que es una manera divertida de descubrir la ciudad” comenta Sara, que, a pesar de que prefiere trabajar en Plaza de Comercio, ahora tiene su vehículo parado en medio del montón Tuk Tukque se acumulan al pie de la Sé de Lisboa.

Al pie de su triciclo azul metalizado de cinco asientos, techo de tela y laterales descubiertos, esta graduada en Bellas Artes con un master en Gestión Cultural no dista mucho de  la mayoría de sus compañeros de oficio por lo que a edad se refiere. “Es el mejor trabajo a tiempo parcial que hay, ideal si estas estudiando, conoces gente de todos los países, de todo el mundo. Es un buen intercambio de experiencias” cuenta.

Si algo la distingue son las gafas de sol que le esconden la mirada y un bombín calado encima de sus cabellos cortos y negro intenso. Todo a juego con los tejanos grises al igual que la sudadera que hacen que su pequeño cuerpo consiga imponer cierto respeto y distancia. Una distancia que rápidamente se apresura a recortar con una sonrisa un tanto socarrona de vendedor que consigue meterse en el bolsillo hasta al más difícil de los clientes.

Pone en marcha el Tuk Tuk y empieza a hablar sin parar. “Los turistas son muy fáciles de agradar” dice segura, “muchos es la primera vez que están en Lisboa y disfrutan cuando les contamos historias y mitos” añade. No hay duda pero, que las cinco lenguas que habla -portugués, castellano, inglés, francés e italiano- le ayudan a poder tratar con turistas de casi todo el mundo.  Aunque, como ella misma cuenta, a veces tampoco el idioma es un impedimento: “una vez vendí un tour a una pareja mayor que creía que hablaban inglés, pero luego resultó que solo hablaban alemán. Tuve que hacer todo el viaje, móvil en mano, con el Google Traductor”, explica mientras ríe.

A pesar de solo tener un año de experiencia como conductora, ser hija de Lisboa y tener estudios de historia del arte son otras de las bazas fuertes con las que juega Sara. “Descubrir la ciudad con alguien que vive allí des de siempre es mucho más personal, creamos una ligación muy fuerte con los clientes y muchas veces quieren repetir”.

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Sara conduce un Tuk Tuk des de hace casi un año

Pero si un valor añadido aporta esta joven de 29 años es el de descubrir el arte urbano de Lisboa, tan en auge en los últimos años. Ella misma se define como productora de Street Art que tiene que trabajar en una pequeña empresa de Tuk Tuk -tiene 3 vehículos- para poder ganarse la vida. Hay un nicho de mercado que se abre paso y Sara lo sabe explotar: “Yo trabajo con los artistas, se quiénes son, lo que hacen y lo puedo explicar. Consigo alterar el tour para mostrar cosas en función de los gustos de los clientes”.

Tiene claro que su objetivo final es trabajar de lo que les gusta y hacerlo en Portugal. “Aquí hay muy poco espacio para trabajar, las personas jóvenes, cuando salen de la facultad tienen muchas dificultades para encontrar un empleo en su campo. Pero si nos vamos, no va a quedar nadie para tirar el país adelante. Mi idea es que nos tenemos que quedar y luchar por nuestros proyectos” reivindica.

Aun así, se sube al Tuk Tuk con ganas cinco días a la semana, para rodar por el centro lisboeta, ir al Jardím d’Estrelha -el lugar que más le gusta de la ciudad- o seguir el rio hasta llegar a Belem, su tour favorito. “Tiene mucha historia y sus monumentos son muy impresionantes” dice, sin conseguir disimular su pasión artística. Le gusta también recrearse en la tienda de pasteles de Belem y contar a los turistas que son únicos y que nunca han querido vender la patente.

Normalmente son rutas de una hora y en épocas buenas consigue hacer hasta 6 en un día, por los que cobra entre 45 y 60 euros en función de si el vehículos es de 3 o 6 plazas y de los queda entre el 25 y el 40%. Lo restante va para el jefe “que paga los gastos y la gasolina”.

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Por lo general, los precios se respetan bastante entre los muchos conductores de la ciudad. “Hay una buena relación, nos conocemos todos, nos encontramos en las calles y creamos relación de amistad, incluso muchas veces salimos de fiesta juntos“, explica mientras intenta esquivar uno de los muchos turista, que llegada la primavera, abarrotan las calles de la capital portuguesa.

Gasto a parte son las multas resultantes del constante tira y afloja con la policía. “Trabajar y escapar de la policía” en eso consiste el día a día del conductor de Tuk Tuk para Sara. “La policía nos molesta, pero nosotros a ellos también. Tienes que trabajar en zonas de riesgo para coger clientes y en esas zonas no se puede parar. Te tienes que arriesgar”, cuenta la conductora que presume de que, a diferencia de otros compañeros que acumulan recetas, “yo solo tengo 3 multas y en dos de las veces en los 15 minutos que tardan en tramitar la multa, ya había conseguido vender un tour”.

El turismo no la deja indiferente. Cree que es un fenómeno que tiene dos caras. “De un lado está ayudando a recuperar y restaurar la ciudad” apunta, “pero, el único aspecto negativo es que las personas que viven aquí, a causa de los subalquileres, dejan de tener capacidad financiera para mantener sus casas y se tienen que marchar a las afueras”.

Pero de momento ese turismo es el que le permite ganarse la vida dando vueltas por Lisboa con el Tuk tuk hasta que el sol le obliga a marcar una tregua, ir aparcar su triciclo azul al pie de Santa Apolonia y tomarse un merecido reposo. “Este no es el vehículo más cómodo del mundo, tiene mucha vibración. Pasar el día con las manos en el volante te las llena de sarpullidos. Cuando acabo de trabajar solo quiero descansar” explica esta conductora que sueña con ganarse la vida como promotora de arte urbano.

 

-Xavier Puig Sedado, Mariela Gutiérrez Cortés, Alba Palomino Valverde y Elisa Serrano Torres

 

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